4 razones por las cuales no vas a cumplir las resoluciones de este año y qué puedes hacer

Resoluciones 2018
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El inicio del año es una época de buena energía, es una oportunidad de comenzar de nuevo, tiempo de hacer resoluciones. Borrón y cuenta nueva, lo que no pudimos hacer el año pasado lo haremos este y de una vez por todas. Resoluciones como: “Este año voy a ser una mejor persona, más saludable o más rica” son las más habituales. Hace poco nos compartieron un mensaje por whatsapp que dice:

Mi meta para 2018
… es lograr las metas del 2017
… que debí haber hecho en 2016
… porque las prometí en 2015
y las planee en 2014

 

Este texto refleja muy bien una situación y es la limitación que tienen las resoluciones año tras año; que pocas personas hacen realidad y que cuando lo hacen, ponen a prueba su tranquilidad o están en conflicto otras áreas de su vida.

Aquí vamos a describir 4 razones por las cuales consideramos que las resoluciones anuales no funcionan y un a proponer un enfoque alternativo para sentir que nos estamos desarrollando positivamente.

1. Se establecen sobre lo que deberíamos ser

La mayoría de las resoluciones parten sobre lo que pensamos que deberíamos estar haciendo y no sobre lo que nos gustaría hacer. La cultura moderna y las redes sociales nos ponen cada vez más a compararnos con un ideal. Ser el mejor jefe, la mejor mamá, el empresario exitoso, tener las abdominales marcadas, ser vegetariano o tener una mejor conciencia social.
Muchas veces esto lo que genera es que racionalmente creamos cuál es el paso a seguir, pero lo que internamente queremos es diferente. Esa incoherencia genera que no pongamos nuestra energía realmente en ellas.

2. Se fundamentan en lo que nos falta

Las resoluciones normalmente buscan que tengamos más de algo, que obtengamos aquellas cosas que no poseemos. El asunto es que esta manera de actuar fija el pensamiento en que somos menos, que estamos incompletos y necesitaremos siempre más cosas para estar bien.

En esencia estos objetivos se fundamentan en una insatisfacción continua: Si no tengo un puesto, entonces tengo que tener uno; si este es bueno, entonces necesito otro mejor como jefe; si ya lo tengo entonces necesito que sea expatriado por una multinacional, y así continúa. Por tanto, estos objetivos generan insatisfacción, si los cumplimos; pues bien, pero aún nos faltarán más cosas. Si no los cumplimos es que somos de mala suerte, perezosos o incapaces.

3. No tienen significado real para nosotros

¿Cuántas resoluciones se van cumpliendo al llegar a marzo? Muy posiblemente pocas. La dificultad está en que muchas carecen de significado real para cada uno de nosotros. La motivación inicial se desaparece, y las resoluciones son olvidadas. Se requiere de cosas que nos importen realmente, que partan de un lugar más interior, para que hagan que el compromiso se mantenga en el tiempo.

4. Lograrlas no está del todo dentro de nuestro control

Muchas de las resoluciones no dependen enteramente de nosotros, por ejemplo, si decido comprar un carro nuevo y a mi espos@ l@ despiden, posiblemente esa resolución no la lograré. Si deseo aprender inglés, pero encontré el amor de mi vida, las prioridades de mi tiempo cambian y posiblemente la resolución inicial pase al fondo de la lista.

¿Qué hacer entonces para mejorar tus resoluciones?

En un inicio las resoluciones fueron propuestas para progresar a nivel personal y no quedarnos estancados, para indicar un rumbo que podamos seguir. Parten de aplicar el modelo de planeación a nuestras vidas. La limitación de fondo es que son un ejercicio racional y poco intuitivo.

Ser felices, sentirnos plenos, energizados, desarrollarnos y crecer son aspectos interiores que dependen de nuestra subjetividad, ningún modelo a seguir “optimizará” nuestro camino. Por tanto, las formas de dirigir nuestro desarrollo deberían ajustarse a esa realidad.

Proponemos tres acciones para dirigir tu camino, de forma coherente contigo, que te sientas creciendo, con sensación de armonía y tranquilidad.

Evalúa donde estas hoy en tu vida

Analiza positivamente y agradece donde estas hoy. Mira las cosas que verdaderamente has logrado, por ejemplo: tus aprendizajes del último año. Es mejor usar un marco de análisis a favor tuyo.
También revisa cómo estás en tus relaciones, cómo te sientes contigo mismo, qué tanto estas disfrutando de la vida, y cómo va tu trabajo. A partir de esto empieza a descubrir las cosas que quieres dedicarle más energía. Evita ponerlas como un objetivo, simplemente reconócelas.

Redescubre las cosas que te hacen vibrar

Analiza en los últimos tiempos y en tu día a día las actividades que naturalmente te generan sensaciones positivas, las que te hacen sentir comprometido y sé consiente de ellas. Estas labores son las que intuitivamente se dan naturalmente en ti.

Explora las cosas que quieres experimentar hoy

Finalmente, con la consciencia de tu estado actual de vida y de las cosas que te hacen vibrar; empieza a pensar hacia donde te quieres mover y qué tipo de experiencias quisieras vivir. Esto va mucho más allá de viajar a algún país, puede ser que quieras experimentar cocinar con tu familia, probar aprender a bailar o intentar participar como conferencista de algún tema. Piensa en hacer lo que te mueve.

Con estas tres acciones ya podrás tener actividades que te hagan crecer, que las disfrutes, que generen un verdadero compromiso y sensación de avanzar. ¿Y si cambias las cosas que quieres hacer? ¡Siéntete tranquil@ de hacerlo! La vida está para disfrutarse, puedes hacer este ejercicio en cualquier mes del año.

Vivir la vida está más relacionado con seguir lo que te gusta naturalmente y menos sobre planear lo que se supone que deberías ser.

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